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jueves, 19 de mayo de 2011

EL NIÑO SIN SOMBRA

Mi abuela siempre me sentaba en su regazo y me cantaba alguna canción de cuna cuando en mis años caprichosos rezongaba para irme a dormir. A veces contaba historias de su niñez, de sus años mozos y, de vez en cuando, de algún que otro amor.
Mientras mis dedos se enredaban en sus bucles negros como el ébano, mis ojitos no dejaban de mirarla cautivado por la pasión que en ellos se dibujaba y finalmente me quedaba dormido.
Ya un poco más grande, con otros caprichos a cuestas y con las inquietudes de los niños mimados el ritual seguía ocurriendo cada vez que mis ojos se mojaban por los retos de mi madre. Mi abuela me sentaba en su regazo cada vez mas gastado y me contaba historias y la magia se producía, el niño mañoso dejaba de chillar.
Una vez hablando de un antiguo amor-creo que el único-sus ojos me mostraron el dolor de su recuerdo.
-Carlos se llamaba, cantaba tango…era muy buen mozo sabes…yo le decía el hombre sin sombra porque no se sabia nada de su pasado, ni de donde venía, ni de su familia, nada de nada. Le decía así porque el pasado de una persona es como la sombra, siempre esta detrás…pero él no tenia pasado, no tenía sombra. Dijo mi abuela para terminar su relato y esas últimas palabras se quedaron conmigo hasta hoy.

Y hoy con casi treinta y dos años esas palabras cobran sentido, se transforman en una entidad que por momentos aprieta mi garganta y me inyecta los ojos de sangre, me despiertan rabia, me descubren indefenso, me recuerdan que tampoco tengo pasado, que no se de donde vengo y porque hoy estoy aquí, que es posible que venga de los años oscuros de esta amada nación pero que deseo con todas mis fuerzas que no sea así, aunque el amor por mi madre no cambien no quiero que, por cuestiones de mi sombra perdida, también pierda su imagen tierna y protectora.
Veo en la TV nietos recuperados que cuentan su historia, escucho lo que dicen y puedo notar las diferencias entre los asesinos que los criaron y mi madre... No, ella no fue una de ellos; seguro que no, mi corazón lo siente pero aun así sigo sin pasado, sin sombra y me pregunto tantas cosas como cuando tenía cuatro años y estaba en “la edad de los porqués”.
Me pregunto como habrá sido y es el rostro de la mujer que me tuvo en su vientre, si mi calvicie viene de su lado o del lado del hombre que me concibió…al escribir estas palabras noto que he asumido el abandono, que en mi esta grabado ese concepto de alguna manera que no logro descifrar, pues mi madre jamás me habló del tema y lo ínfimo que sé, no alcanza para darme idea
¿Será un recuerdo del “pre raciocinio”, un recuerdo grabado en mi sangre cuando llegué a los brazos de mi mamá, cuando sentí el destierro de los senos de quien me gestó…será eso?
Es esa la pregunta de más peso en mi, es esa la pregunta que cada vez me empuja mas a conocer la verdad y voy por ese camino ya que, como Peter, quiero cocerla a mis pies y dejar de ser un niño sin sombra.

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