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jueves, 9 de diciembre de 2010

AL ABRIR MIS OJOS

Todo el barrio se preparaba, la tarde estaba calurosa y mis vecino iban y venían frenéticamente con fuentes, vasos, copas y manteles. Los vecinos de frente había puesto una larga mesa bajo el parral del patio delantero-era costumbre por aquellos tiempos preparar la mesa sobre la vereda en ocasiones especiales- cubierta por un hermoso mantel blanco de lienso con detalles bordados en hilo de coco en color marfil. La vajilla también era hermosa, jamas se usaba, solo dos veces al año en noche buena y fin de año. Esa noche, pasadas las doce, Papá Noel llegaría cargado de regalos y todos brindarían haciendo chocar las copas cargadas de sidra-por ese entonces yo pensaba si Papá Noel no tendría calor con tanto abrigo sin saber el porque de esa vestimenta-.
En casa solo estábamos mi madre y yo, ella estaba vistiéndose para la ocasión y yo observaba todo el alboroto de frente por la ventana. Mi padre llegaría en algunos minutos con la cena, ese día mi madre no trabajaría en la cocina. Hacía un par de años que mis padres estaban separados pero mantenían una relación muy cordial y es por eso que mi padre pasaría la noche buena con nosotros.
Mi madre terminó de vestirse y maquillarse, se colgó unos pendiente similares a un racimo de uvas en colores dorados, verdes y rojo; se echo un poco de perfume apretando el atomizador y tirando la bruma de jazmines al aire y luego ella atravesaba la ráfaga aromática con su cuerpo, decía que no había que echárselo directamente-. Comenzó a alistar la mesa, también puso un mantel que nunca se usaba, era rojo con detalles en hilo de coco negro, verde y amarillo...los vecinos de frente eran paraguayos y cuando viajaban a su país traían estas cosas y mi madre les había comprado este mantel hacia dos años. Puso las copas color rosa, los platos del mismo tono, los cubiertos de alpaca y las servilletas haciendo juego con el mantel, todo era perfecto y sus ojos brillaban de alegría como nunca. Imagino que mi padre fue el amor de su vida y, aunque jamas volvieron a estar juntos, se que ella lo fue de él.
Todos reían, de todas las casa salían acordes musicales de cumbia, tango, folclore, pop...la noche buena era una kermes y las almas desbordaban alegría y esperanza, era la magia de la navidad.
Las horas iban pasando y de  a poco los festejantes iban acomodandose junto a la mesa, las mujeres de la familia iban trayendo las elaboradas comidas en lujosas bandejas y colocándolas en el centro del banquete.
Todos levantaban los vasos-las copas se usarían luego con el brindis de las doce de la noche-, reían y hablaban a los gritos. Del otro lado de la calle, sentados a la mesa, mi madre y yo mirábamos hacia la puerta esperando a mi padre que llegara con la cena.
Las horas siguieron recorriendo la noche y ya eran las once. Mi madre y yo aun seguíamos sentados a la mesa frente a los platos y copas vacías esperando con la vista en la puerta.  Finalmente, cuando el reloj marcó las once treinta mi madre me tomó de la mano y sin decir nada salimos de casa, cerro la puerta con llave detrás de si y mientras caminabamos al centro comercial del barrio me dijo:
-Compramos un pollo asado con ensalada rusa ¿Queres?
Asentí con la cabeza y seguimos camino.  Al llegar al centro ningún negocio estaba abierto y era de suponer a esas horas.
-Pucha che...Dijo mi madre casi en un susurro y dimos media vuelta.
Otra vez en casa, sentados a la mesa, mi madre abrió la boca para hablar pero nada dijo.
Me sirvió un poco de coca cola en una de las copas y por fin dijo:
-Seguro que va venir mas tarde vas a ver...
Los fuegos artificiales anunciaron las doce de la noche, la casa de frente era una bataola de cohetes, corchos voladores, abrazos y besos, alguna que otra lágrima emocionada-los argentinos somos muy sentimentales- y otra nueva ola de bandejas cargadas esta vez de pan dulce, budines, turrones y nueces.
Mi madre volvió a servirme coca cola y me dijo:
-Cuando termines vamos a saludar a los paraguayos y de paso comemos algo. Y el brillos de sus ojos ya no era de alegría.
Cruzamos la calle y entre frases en guaraní, turrones, risas y fuegos de artificio la noche se fue convirtiendo en día y mi madre me tomo de un sillón donde me había quedado dormido en sus brazos y me llevo a casa, a mi cama.
Cuando desperté sentí que todo había sido un mal sueño y que al ir a la cocina mis padres estarían charlando de la noche anterior, esperando para entregarme los regalos de Papá Noel.
Me levante de la cama y corrí a la cocina, allí estaba mi madre preparando el almuerzo, con su delantal puesto y sus ojotas viejas. Sintió mi presencia a sus espaldas y me dijo que fuera a lavarme la cara que ya estaba lista la comida.
Almorzamos en silencio hasta que su voz suave rompió el hielo.
-Papá Noel pasó por la casa del tío Chanqui sabes Minday, después vamos y buscamos tu regalo.
Asentí con la cabeza con una sonrisa de oreja a oreja olvidando por unos minutos que al abrir mis ojos el regalos mas importante de mi vida no estuvo frente a mi.

2 comentarios:

  1. No tengo palabras, solo puedo decir que me emocionó mucho.

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  2. Estas cosas no deberían de pasarle a ningún niño, pero suceden. Tenías de todas formas el mejor regalo del mundo: tu madre.

    Disfruta de las fiestas. Un fuerte abrazo.

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