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viernes, 12 de noviembre de 2010

NOMBRE DE PILA

Desde que tengo memoria mi objeto de deseo ha sido el mismo, pero uno empieza a darse cuenta que es diferente al los otros niños cuando el mundo te enfrenta a los demás.
La primera vez que sentí esa diferencia fue a los cinco años, cuando un vecino de unos treinta años me dijo travesti. Luego todo lo que hacia me parecía prohibido o que no debía hacerse por un varón y de a poco fui creando un muro sobre mi, una cápsula en la cual solo yo entraba y sufría por ser diferente.
Cuando me encontraba solo en casa tomaba las sabanas de mi cama y me cubría con ellas y bailaba siendo quien sentía ser, pesando en otro varón de la televisión y jugando a ser la heroína de alguna telenovela-seguramente Verónica Castro en Rosa Salvaje- pero jamas se me quitaba la sensación de estar haciendo algo sucio.
Luego en la secundaría la introspección fue mas profunda y odiaba andar solo por la calle, sentía terror de los gritos de muchos diciendo  las palabras  MARICÓN, MARIQUITA, MARIPOSÓN...PUTO.
Durante mi etapa de estudiante secundario debía hacerme respetar por cualidades que la mayoría en el establecimiento no tenía y era la de ser aplicado, el mejor de la clase pero solo conseguí el respeto de mis educadores, ya que la palabra puto continuó persiguiéndome y haciéndome agachar cada vez mas la cabeza.
Mi etapa de querer ser del sexo opuesto pasó-creía que esa era la solución a eso de estar en un punto intermedio-, mi miedo a ser distinto también, ahora ando solo por las calles con la frente bien en alto,  orgulloso de llevar la mochila de ser homosexual en una sociedad que a pesar de las palabras alentadoras siempre seguirá siendo prejuiciosa.
No llevo rencores en mi espalda porque ya no me hace infeliz la mirada reprobadora de algunas personas, puedo ser y sentir como quiero, puedo aceptar que soy puto y reírme cuando por las calle alguien me lo grita...
¡¡¡¡PUTO!!!!
"¿De verdad?" Pregunto al autor del improperio y continuo mi camino mirando al frente dándome vueltas cada vez que pronuncian una y otra vez mi nombre de pila...
¡¡¡¡PUTO!!!!
"¿Me has llamado?
¡¡¡¡PUTO!!!!
"Me asombra la inventiva a la hora de insultar"
¡¡¡¡CULO ROTO!!! y aquí soy un poco mas grosero
"El culo no se rompe, se dilata como las vagina de tu madre" y continuo mi camino.

2 comentarios:

  1. Un final divertido para una entrada bastante trágica. De todas maneras, de infantes y adolescentes se tiene que aguantar mucho. Los que llevan gafas, los bajitos, los gruesos, los que no gustan de hacer gimnasia... Al final casi todo el mundo acepta esas condiciones de ser gordo, bajo, con gafas, y si alguna cosa se puede y se quiere solucinar (las gafas, por ejemplo) se hace, y en tu caso, se lleva con orgullo. Te felicito por ello.

    Un abrazo.

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  2. La gente mayor está llena de prejuicios y los niños son crueles. Estamos en una sociedad donde los hijos se educan ya con esos prejuicios, pero a pesar de ello la vida nos obsequia con fortaleza para que cuando seamos mayores podamos darnos cuenta de los errores de los padres y corregirlos. Yo fuí tambien víctima de la crueldad de los demás compañeros y hoy como tú intento levantar la cara con orgullo. Enhorabuena por ser como eres y poder levantar la cara hacia los poco imaginativos insultos de los demás.
    Por cierto me encanta tu espontaneidad a la hora de responder a los insultos.

    Un fuerte abrazo Alex

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