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martes, 23 de noviembre de 2010

LA PUNTA DEL COMPÁS


                                                     Un pedacito de mi corazón esta en ti, Ale primera.


Cada ser en esta tierra ha dejado pedacitos de si en algunos lugares, en algunas personas, en tierras lejanas, en corazones inescrutables y almas acostumbradas al dolor.
Mi corazón se ha desparramado por vastos territorios y desprendido de trocitos para dejarlos como recuerdo. Una porción grande de él ha quedado en el pueblo donde viví mi adolescencia, en Diamante, junto a mis amigos y sus familias.
Siempre he estado rodeado de "Ales" y con la primera que me crucé fue con mi amiga Alejandra, la Cache.
La conocí en el primer año de secundaria, yo tenía unos quince años y ella apenas estaba por cumplir trece. Yo era un chico muy tímido, 
siempre escondido detrás del guardapolvos de mi prima Samanta-habíamos decidido empezar juntos a estudiar-tratando de pasar desapercibido entre tanta crueldad adolescente que no desperdiciaba tiempo a la hora de burlarse de ese niño gordo y afeminado-pues para colmo, además de gay, era gordo, así que fue sufrimiento por partida doble-.
En el aula era un chico muy callado y no tenía relación con ningún otro compañero que no fuera mi prima. Ale era todo lo contrario, hablaba hasta por lo codos y cada vez que reía hacia parecer que alguien tenia un ataque de hipo.
Ella formaba un grupo con otras chicas de su misma edad y juntas iba y venían por toda la escuela, yo las observaba de lejos y jamás me dirigía a ellas para nada.
Un día, estando solos en el aula ya que uno de los profesores había faltado de igual manera que mi prima, Ale se sentó detrás de mí y comenzó a hablarme. Yo contestaba con monosílabos-si, no- o simplemente movía los hombros o la cabeza. Ella-corría confeti por sus venas-comenzó a hablarme cada vez mas y como veía que mi actitud no deponía comenzó a pincharme con la punta de su compás para que yo le respondiera. Entonces cada pregunta iba acompañada de un fuerte pinchazo en mis costillas izquierdas.
Así comenzamos a ser amigos y después de casi quince años de amistad nuestros lazos son firmes.
Ella aun me llama "gordo" y cada vez que hablamos, a pesar de haber pasado mucho tiempo sin hacerlo, lo hacemos como si nos hubiéramos visto ayer. Siempre volvemos al pasado y nos preguntamos que hubiera sido si no me hubiera pinchado con su compás ese día. 
Siempre, a pesar de los años, seguimos buscando lo mismo, nos hace sufrir lo mismo y nadie nos conoce como nos conocemos porque el amor que sentimos es ese amor que perdura a pesar de las distancias y el tiempo.

Seguramente cuando la muerte venga por nosotros amiga mía, nos encontrará en aquella escalera de la puerta de tu casa, junto al "reparito" interpretando a Johnny y a Martha, con el vientre adolorido de tanto reír.
 Yo me iré primero porque esa es la ley de la vida y, cuando tú lo decidas, yo te estaré esperando para jugar a la canasta y me ganes…
                                                                            …aunque siempre hagas trampa.




2 comentarios:

  1. Me gusto mucho Ale, realmente cada dia me gusta más lo que escribis.
    Además me resulta muy dulce el estado puro de amistad que enuncias.
    Que honor y que dicha tenerse ambos.

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  2. Un canto a la amistad, que tan importante es en la vida. Yo no puedo decir que tenga un verdadero amigo, aunque algun@s tuve en el pasado.

    Un abrazo

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