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viernes, 26 de noviembre de 2010

LA BOTA TEXANA

Las horas de la siesta de la niñez nunca cumplian con su propósito, nunca dormíamos, nunca nos quedábamos quietos, callados, inactivos.
Recuerdo que eran horas mágicas, mucho mas las de verano, cargadas del aroma de lo prohibido y con la adrenalina que nos producía saber que nos podían descubrir robando las bananas, las moras, los damascos o las flores del vecino. Nos nos preocupaba borrar las huellas del delito pues una vez hecho, hecho estaba.
Recuerdo las telenovelas miradas desde debajo de la mesa, con una manta en el suelo y mi vaso color naranja con forma de bota tejana cargado de leche chocolatada fría...
Ese vaso se cargó también de recuerdos a través de mi vida por un largo tiempo. Vio crecer mi cuerpo y mi alma. Vio las tristezas de mi familia y las guardó en un cofre bajo mil llaves.
Ese vaso significó una etapa, la de la niñez pura y blanca.  Y así como en un principio el color naranja brillaba, con el correr del tiempo su brillo se fue opacando y las marcas del uso la hicieron mas rustica y ajada.
La última vez que lo vi fue antes de una mudanza, en mi casa de la niñez clara, y su pico todo mordido por mis dientes de leche estaba oscuro por la tierra y el olvido. Lo vi y la añoranza inundó mi alma y mi cuerpo, mi mente se detuvo unos instantes y volvió a aquellos días en que nada parecía dañarme y pensé que como el vaso tirado tapado por el polvo, mi alma había perdido también su brillo y esplendor
.
"Vamos creciendo..." Pensé en voz alta.

Mi madre me tomó de la mano y salimos de esa casa para nunca mas volver

1 comentario:

  1. exelente recuerdo lo de la bota es lo mas quien no tuvo una ....buenisimo

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