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lunes, 1 de noviembre de 2010

FANTASMA

Los días cada vez son más largos, el sol resiste su partida y, cuando al fin lo hace, el clima nos congela la piel como si vivieramos en el desierto. El olor del aire es otro, el ánimo en la gente es diferente, o tal vez solo soy yo que siento la inminencia de un cambio.
Camino desde el lugar donde trabajo hasta mi casa y durante el trayecto miles de pensamientos recorren mi cabeza, veo un par de chicos muy guapos y pienso que jamas se fijarían en mi, ni aun siendo ellos gays tambien y luego me digo a mi mismo que son demasiado para mi y que cada uno tiene lo que merece y que quizas he dejado pasar muchas veces mi tren por no aceptar lo que tal vez me merezco...¿Qué meresco? No lo sé o pretendo no saberlo.
Recuerdo las palabras de alguien al decir que jamás sería felíz  pues antes, muy lejos, habia sido malo o mala, o tal vez ambos y pienso que este soy yo y no me interesa lo que mis alter egos pudieron haber hecho en otros tiempo.
Ahora, ya, aquí estoy con el alma cubierta de acero, con el corazon desparramado por varios rincones, con las palabras gastadas y con un puñado inmenso de excusas que me ayudan a reir...tristemente a reir y sentir que camino sin rumbo, sin sentido, que ya no tengo ganas de afeitarme, de vestirme de galas ni llevar galera.
Quiero guardar mi ropa en un pequeño trozo de tela y atarla a una vara de sause, echarmela a la espalda y caminar descalzo hasta que sienta que deseo volver, hasta que me de hambre y sienta sed.
Hasta que mis recuerdos vuelvan y se hagan carne, hasta ver a mi madre cocinando un domingo al mediodia, a mi padre dormido en la silla con la guitarra en su falda y el vaso de vino en la mesa, a mi abuela con su batón floreado y la barita de álamo en su mano dispuesta a darmela en los tobillos cuando me portara mal.
De portarme mal y no sentirme mal, fumar un tallo de cardo con mi amigo Hernán y ahogarnos con el humo aspero,  de mancharme la ropa con las moras del árbol de aquel viejo baldío y molestar al vecino rompiéndole las ventanas a piedrazos en las horas de la siesta y esconderme debajo de la cama cuando el venga por mi.
Tengo ganas de sentir que mi carne, mi alma y mi corazon estan vivos, quiero dejar de ser un fantasma, quiero querer, quiero amar y no sentir que es demasiado pedir que me quieran y me amen.
Quiero  dejar de ver mis ojos tristes, quiero dejar de sonreir cuando no tengo ganas y quiero reir con ganas todos los dias menos los martes y los viernes porque mi abuela decia que no era bueno, que el que reia mucho un martes al otro dia lloraba con la misma intensidad.
Quisiera temer barrer por las noches y poder comprar regalos para los días de las madres y despertarme cuando escuchara la voz de mi madre pronunciar "Minday".
Quisiera ver a mi tía con chocolate pegado en la frente como cuando le deje un trozo de regalo apoyado en su almohada mientras dormia.
Quisiera dormirme sin pensar en lo que sucedera mañana.
Quisiera pelearme con otra tía cuando dijera algo que me pareciera injusto.
Quisiera caminar y sentir el camino bajo mis pies...
                                                                           Es demasiado, tal vez cuando muera y vuelva.



**SiMpLeMeNtE AlE**
Cel:1140422487




1 comentario:

  1. Alex, yo también me siento así a veces, pero creo que no hace falta morir y volver -porque no se vuelve- para conseguir lo que deseas y es factible, lo perdido del pasado, eso no podemos recuperarlo.

    Un abrazo

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