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lunes, 8 de noviembre de 2010

CAPERUCITA ROJA Y EL PONCHO ROTO

El laso con mi madre siempre fué muy fuerte, era la persona que me eligió y la cual hizo las veces de madre y padre. EL hecho de ser hijo único estrechaba aun mas la relación y la sobrepotrección habia hecho de mi una criatura bastante despreciable debo admitir.
Recuerdo que mi madre organizaba mis cumpleaños como si fueran el acontecimiento del año y gastaba los que no tenia para llenar la fiesta de alegría y comida. Yo por mi parte me mantenía dentro de mi habitación hasta que los invitados se fueran y solo salía en el momento de soplar la vela y reventar la piñata, una vez completado dicho protocolo volvía a mi escondite...realmente, mirándolo desde aqui,  hasta a mi me dan ganas de abofetearme.
Para ese entonces cursaba el preescolar, mi madre me habia inscripto en el jardin de infantes cuyo nombre era "Caperucita Roja" y desde alli salí egresado con muy buenas recomendaciones de las maestras y directoras-los homosexuales siempre debemos destacarnos en algo por una cuestión personal-.
Si, si, en ese lugar era el mejor alumno, el mas creativo, amable y educado que pudiera existir, nadie podia hacerme sombra.  Siempre participaba en los actos, primeramente como protagonista de alguna obra de teatro y finalmente como abanderado del establecimiento.
En la primer etapa el hecho de estar sobre las tablas me hacia sentir inmenso, importante y resultaba dificil luego para mi madre bajar mi exitación.
El primer papel que interpreté fue el de "Pinocho" y mi madre me habia confeccionado un traje que-visto desde ahora era algo muy básico pero visto desde allí era resplandeciente- luego usaba dentro de casa para jugar con mis amigos invisibles. El traje se completaba con un par de guantes de seda blancos y unos soquetes de nylon color blanco con estrellas azules, un sobrero verde con una pluma roja en la punta y una nariz hecha con una corneta de cumpleaños forrada con papel color rojo ¡Qué poderoso me sentía detras de todo ese disfraz! Aun recuerdo la canción que musicalizaba el momento...

"...Hasta el viejo Hospital de los muñecos,
llegó el pobre Pinocho mal herido,
un cruel espantapájaros bandido,
lo sorprendió durmiendo y lo atacó.
Llegó con su nariz hecha pedazos
y una pierna en 3 partes astilladas
y una lesion interna y delicada,
eI médico de guardia lo advirtió.

Al viejo cirujano, Ilamaron con urgencia
y con su vieja ciencia, pronto lo remendó,
pero dijo a los otros muñecos internados,
todo esto sera en vano le falta un corazón.

El caso es que Pinocho estaba grave
y en si de su desmayo no volvía
y el viejo cirujano no sabía,
a quien pedir prestado un corazón.

Entonces llegó el Hada protectora
y viendo que Pinocho se moría,
le puso un corazón de fantasia
y Pinocho sonriendo despertó
Y Pinocho sonriendo despertó..."

No tenía linea alguna que pronunciar, solo estar recostado en el suelo y levantarme cuando el hada protectora me pusiera el corazón de fantasía pero fuí inmenzamente felíz en ese momento-a pesar de tener mayores ganas de ser un hada a ser Pinocho-.

El segundo rol no fue tan glamoroso como el primero y es por ese motivo, quizas, que me negué a subir al escenario...el día del estreno al pie de la escalera.
En este caso mis compañeros y yo eramos un grupo de "coyas" y debiamos bailar un carnavalito vestidos con ponchos con los colores de la bandera argentina.  Todos mis compañeros tenia ponchos muy trabajados, con detalles de lentejuelas y bordados que hicieron ver al mio en desventaja- mi madre habia tenido poco tiempo debido a su trabajo y lo unico que pudo hacer fue pegar dos pedazos de papel crepé celeste y blanco-.
De repente me vi parado alli y senti que todo el mundo se reia de mi, que todos criticaban mi poncho y por primera vez en mi vida sentí que era distinto al resto, algo que me seguiría por el resto de mis dias. 
Fué entonces que me detuve de repente mientras subia las escaleras al escenarío, di media vuelta, vi a mi madre entre el publico y sin pensarlo me arranqué el poncho y baje corriendo.  Mi madre vino a mi encuentro y como si todo esto fuiera algo normal, algo natural, sacó un nuevo poncho de su bolso y volvió a ponermelo y me dijo:

-Ahora vas a subir y bailar como lo ensayaste, nadie brilla mas que tu, estas hermoso.

La miré a los ojos y con los mios aun húmedos subí y cumplí con mi deber.

Al terminar el acto fui donde mi madre y le dije:

-Ma, tengo hambre.
-¡Ahora comete los ponchos que rompiste porque me gaste el dinero que tenia en hacerlos!

En definitiva, las madres siempre son nuestros pilares...
                                                                                  ... pero tambien es cierto que no pierden oportunidad de hacertelo saber.






2 comentarios:

  1. Quizá en tu caso no hayas llegado a experimentarlo -por motivos luctuosos y bien tristes- pero llega un momento en que esos pilares casi siempre se desmoronan y mucho más pronto de lo que quisieramos. Yo me cimentaba sobre 4 columnas...

    Una entrada muy tierna, pinocho

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  2. No puedo decirte mas de lo que te dice Dissortat.

    Muy dulce, Alex.

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