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martes, 19 de octubre de 2010

EL POZO

 PRIMERA PARTE

  LUISA



El verano hacía que todos los colores se vieran mas vivos, los aromas flotaran en el ambiente y que las aguas del Paraná explotaran en destellos tornasolados haciendo que uno cerrara los ojos al verlo.
Luisa recorría el mismo camino todos los días,  el mismo sendero tallado entre los barrancos por el paso humano. La Boca del Lobo le llamaban los lugareños y ella lo recorría diariamente para ir y venir de la escuela y en vacaciones se internaba en el cuando quería estar sola, tenia nueve años y un mundo interior secreto cargado de fantasía y aroma a tuti frutti.
En su casa de barro y techo de paja la soledad no era cotidiana ya que debía convivir con sus siete hermanos y su madre. Su padre era un pequeño comerciante de río que nunca estaba en su casa y cada vez que lo hacia luego de nueve meses su madre daba a luz a un nuevo integrante de la familia. Luisa era la mayor de las mujeres, luego le seguían, por orden descendiente, Cipriana y finalmente Isabel.

Continua a su casa vivía la hermana de su padre, Irma. La tía Irma regenteaba un pequeño bar donde siempre estaba lleno de marineros ebrios y sudorosos que luego de beber unas cuantas copas de ginebra pasaban a la habitación trasera para recibir atención personalizada o como Irma prefería llamarlo "mirar la enagua".
En varias oportunidades Luisa la había escuchado ofrecer dicho servicio a los marineros, pero muchos años después supo de que se trataba.
Tía Irma era la jefa de la familia, ella determinaba las reglas, se encargaba de que todos las cumplieran y al que no le gustaba hacerlo se las veía con su fusta de cuero trenzada. La madre de Luisa era su esclava, su víctima y transitaba por la vida como una sombra evitando el encuentro con aquella manipuladora mujer. Para Irma la esposa de su hermano no era mas que una negrita fregona que solo servía para asegurar la continuidad de la familia Taborda, ya que ella había dado a luz a dos niñas que ya tenían el futuro asegurado pero que no servían para perpetuar el apellido.
Luisa, al ser la mayor, era la que mas ayudaba a su madre y se encargaba de sus hermanos con absoluta responsabilidad y madurez pero en las horas de la siesta ella aprovecha que todos dormían para escaparse a la Boca del Lobo y sumergirse en un mundo que ella sola conocía, lejos de la miseria y los abusos de su tía.
Se pasaba horas tarareando alguna canción, agitando los brazos al viento, danzando con la brisa tibia del verano, soñando con el regreso de su amado padre, Santos Taborda, la única persona con la que se sentía protegida.

Uno de esos días de sueños y juegos, su bailoteo fue llevándola fuera de su refugio, bailó y bailó hasta que la oscuridad la envolvió y el agua fría la despertó congelándole los huesos, incrustando el terror en su carne...
Se había caído dentro de un pozo que antes había sido un aljibe, ahora solo era un pozo oscuro, de unos siete u ocho metros de profundidad y el agua cubría a Luisa hasta la cintura.

1 comentario:

  1. Envidio (de manera cariñosa) la facilidad de escritura y la sensibilidad que imprimes a tus historias.

    Un saludo

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