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jueves, 23 de septiembre de 2010

FUENTON DE LATA

                                           Para Gaby, el disparador.


Con las lágrimas escapándome de los ojos corrí a este arcón de los recuerdos, emocionado, colmado por la nostalgia, las imágenes y el amor. Desde que se disparó en mi mente toda aquella escena no he podido pensar en otra cosa y es que significa mucho recuperar un recuerdo de felicidad junto a mi madre.
Siempre supe el numero exacto de años que tenia cuando mi padre se marchó de casa, cuatro,  y ese por siempre fue mi primer recuerdo, el que marca el comienzo de mi psiquis consiente.
Hoy, charlando con un amigo, una frase suya fue como un proyectil directo a la memoria, un proyectil activador de recuerdos que, al comprenderlo, los ojos se me llenaron de lágrimas emocionadas y por unos instantes percibí el perfume de mi madre en al aire...

Era un día de verano, el sol nos observaba en lo alto de un cielo aun muy azul y sin nubes. El césped recién cortado de la parte trasera de mi casa perfumaba el ambiente y mi madre reposaba sobre una gran toalla en el suelo, boca abajo y con su malla color lila desteñida por el tiempo.
A un lado, a su izquierda un enorme fuentón de lata lleno de agua esperaba que el sol calentara el liquido que contenía. Mi madre solía hacer eso en verano, calentaba el agua al sol para después bañarme.
Yo, con mi mallita color verde daba vueltas por ahí jugando en un mundo imaginario hasta que di cuenta del tesoro que el viejo fuenton contenía. Corrí dentro de la casa y busqué una taza de losa, volví a salir y ,mientras mi madre tomaba el sol de aquella tarde, tomé un poco de agua tibia del fuentón y se la arrojé a mi madre en la cabeza explotando en carcajadas al ver como saltaba por el susto.
-Me las vas a pagar Minday. dijo mi madre poniendo tono de telenovela venezolana.
Yo comencé a reír con mas fuerza y al ver que mi madre se ponía de pie comencé a correr.
De pronto mi madre también tenia una taza en las manos y con ella cargada de agua comenzó mi persecución.
-Ven aquí niño travieso. Me decía y yo me descostillaba de la risa.
En un descuido suyo volví a cargar la taza y le arroje el agua en el rostro, ella se freno en seco y se quedo parada como petrificada haciendo ruidos " de monstruo enojado" y se tumbo en el suelo simulando estar desmayada. Me acerque de a poco, antes cargue nuevamente la taza, y volví a volcar el liquido en su cabeza.  El monstruo se retorcía en el piso y yo reía hasta que me dolía la pansa, finalmente pudo atraparme y mojarme entero, luego escapé y comenzamos una guerra de "salpicadas" hasta que el agua en el fuenton desapareció.
No recuerdo otro momento en el cual hayamos reído tanto con mi madre ni siquiera el día en que, en un paseo, ella se orino encima pues jamas podía contenerse.

3 comentarios:

  1. Pequeños relatos que conforman toda nuestra vida, de eso esta hecha y de malos tambien.
    Por cierto mi padre nos abandonó cuando yo tenía 3 años y es cierto que este acontecimiento marco todo mi mundo de recuerdos.

    Saludos

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  2. Una sola palabra es sufiente para desencadenar tantos recuerdos...

    Un abrazo

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