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lunes, 23 de agosto de 2010

DEBAJO DE SUS FALDAS

El tiempo pasa veloz ante mis sentidos y ya mi piel siente la cálida brisa de la inminente estación.  Los días se hacen mas largos, el sol se asoma antes y le da fiaca irse a dormir.
Las flores comienzan a vestirse de gala y a perfurmarse en cada vereda para avisar que ya podemos admirarlas.
Los aromas de azahares inundan la calle y me remontan a los tiempos de mi niñez.
Recuerdo el olor a tierra mojada cuando pasaba el camión "regador" y mataba al polvo que, furtivo, intentaba entrar en las casas.
Recuerdo el patio de mi casa, también de tierra y el olor de la acaroina rociada por mi abuela en el suelo para barrer el tiempo con su escoba de paja.
Me veo allí oculto bajo la mesa, intentado desaparecer para que  mi madre no me llevara al jardín de infantes y poder quedarme a la siesta con mi amada abuela, poder sentir sus suaves manos en mi frente y saborear algún que otro manjar de esos que solo las abuelas saben preparar.
Escucho gritar mi nombre y los pasos ligeros de mi madre buscando mi escondite, puedo ver sus pies moverse de un a lado al otro del patio nerviosa  pues ya se esta haciendo tarde.
-¡Aleeee! ¿Donde estás? ¡Dale que tenemos que ir al jardín!
Yo seguía inmóvil debajo de la mesa y mi abuela no pronunciaba palabra aun sabiendo donde estaba yo.
De repente el mantel se levanta y veo el rostro de mi madre enrojecido...
-¡Vení acá! ¡Dale que se hace tarde!
-¡No quiero ir maaa! digo entre sollozos
-¡Que no vas a ir! ¡Dale! e intenta tomarme del brazo y sacarme.
Pero soy mas rápido y salgo corriendo gritando:
-¡Abuelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Parecía que quisieran matarme.
Mi abuela se queda parada en la entrada de la casa esperándome, llego hasta ella y me escondo detrás.
Mi madre enfurecida por mi capricho intenta tomarme una vez mas del brazo pero soy mucho mas rápido que ella, me agacho y  abrazo  las piernas de mi anciana salvadora quedando debajo de sus faldas almidonadas.
Mi madre da la vuelta y consigue atraparme, tira y tira y mis manos van buscando nuevos lugares de donde aferrarse. Me sujeto de los bolsillos del batón y se los descoso al forcejear, luego me agarro de los espacios que hay entre botón y botón y de a uno van cediendo su costura, cayendo de uno a la vez sobre el piso de tierra.
Finalmente pierdo la batalla y, gritando como un cerdo cuando le cortan el cogote, mi madre logra arrastrarme al infierno de la salita verde y mientras voy alejándome de mi abuela la veo allí parada con el rostro conpungido, con su vestido roto y con la escoba de paja en la mano.
Cada día era igual, la lucha eterna por quedarme en aquel mundo lleno de olores y sabores mágicos para siempre...luego me fui y ya no volví.
Ahora los días pasan tan iguales como en ese entonces pero ninguno, absolutamente ninguno, tiene olor a acaroina, tierra mojada, tortas fritas...olor a hogar.

1 comentario:

  1. Los buenos recuerdos no vuelven jamás, pero si le pones empeño consigues captar sonidos, recuperar olores y de pronto un universo de recuerdos te devuelve, por ejemplo, a tu infancia.
    No pierdas nunca esos buenos recuerdos, ni dejes de contarnoslos.

    Besos Alex

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