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martes, 29 de junio de 2010

RASTROS DE TI


Las mañana se van poniendo cada vez mas frías y el sol apenas alcanza para alumbrar el día.  Me cuesta levantar el cuerpo del refugio calido que forma el edredón barato, doy un par de vueltas más bajo la protección de ese calor hasta que de un sacudón decido enfrentar el nuevo día.
Me visto rápidamente castañeado los dientes pues mi casa y demasiado alta y el calor siempre se queda en la cima.
Preparo café en la pava-aun no he comprado una cafetera-y, mientras  se hace, lavo mis dientes y quito los restos de modorra  de mis ojos con agua helada.
Me miro al espejo y decido que hoy me veo bien, me veo apuesto-“Hoy estas lindo” pienso - y me quedo hipnotizado mirando al espejo mis ojos marrones cargados de tanta historia.  Los veo profundos, llenos  de sueños aun, de esperanza de niño.
Su color todavía es nuevo y aún tienen fuerza, tal vez un poco cansados de ver tanto espanto pero su fuerza sigue intacta…Me sumerjo mas allá y allí, en un rincón, sentado sobre el piso con las rodilla abrazadas y la cabeza oculta entre ellas veo a un niño con su jardinero de corderoy marrón, ese que tiene las hebilla difíciles de soltar cuando la naturaleza llama, lleva unas zapatillas de gamuza, también marrones,  ya gastadas de tantas travesuras inocentes de niño explorador y lo veo tan claro que extiendo mis brazos e intento alcanzarlo, acariciarlo, revolverle el pelo y decirle que todo va estar bien.
Él levanta su mirada y con lágrimas en los ojos sonríe y dice…
“Claro que todo va estar bien, solo  déjame un poco aquí para que sanen mis heridas y mis lagrimas se conviertan en sal…déjame que desgaste las tristezas y te limpie el corazón, solo un poquito mas,  que remacho los agujeros y quito los rastros de aquellos que forman el él y luego volveré a trepar árboles y rasgarme las rodillas al jugar pero ya no lloraré porque habré crecido y ya seré un hombre y en mi mano izquierda cargaré una escudo de hierro y en la derecha una espada y ya no te sentirás indefenso…yo te protegeré”

Y con el corazón cargado de nostalgias, sobrecogido por esa vocecita cargada de amor, me sorprende el aroma del café y despierto de ese transe.
Tomo la humeante infusión, cuelgo mi bolso en mi hombro derecho y salgo a la calle con la certeza de que todo va estar bien, puedo enfrentar la vida pues ya muy poco queda de aquel rastro de ti.

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