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martes, 15 de junio de 2010

EL GATO TE BOTA


 
Como buen ejemplo de mi homosexualidad podemos ver recostado sobre la enorme cama a mi pequeño, inquieto, mimoso y travieso gato de seis meses de edad, Felipe.
No sería un hecho especial el tenerlo sino fuera por su excesiva forma de demostrar que es el macho de la casa y que nadie puede alterar su relación edípica conmigo, por mas que por momentos yo sienta que solo soy su fuente de alimento. Es asi, él es el dueño de la casa y, en oportunidades, tiene el tupé de hacerme saber que no le gusta el caballero que duerme conmigo o tiene acceso a mi cuerpo desnudo.
En una de esas oportunidades su comportamiento desencadenó una de las escenas mas escatológicas que jamás he vivido. Con el tiempo, recordando aquella situación, la risa a embargado mi alma y me ha dicho que, en definitiva, Felipe tenía razón, ese caballero no era para mi.
Aquella vez, una de esas noches de sexo apasionado pero sin amor, me encontraba sobre el sujeto en cuestión al mejor estilo jockey, perdido entre la nebulosa del placer y la lujuria cuando por el rabillo del ojo derecho pude ver que Felipe estaba sentado a un costado sobre la cama mirando a mi pareja sexual con las orejas echadas hacia atras.
Mi concentración se esfumó como el humo de un cigarrilo al viento y segui con la mirada al gato mientras recorria los poco centimetros que lo separaban de la cabeza de mi amante.
Caminó lentamente como disfrutando el momento del acecho hasta que llegó a su objetivo y se sentó en su cabeza. Yo seguí la secuencia con la vista y con el cuerpo inmovil sobre aquel hombre que me acariciaba y parecia no haberse dado cuenta de la situación.

Quedé hipnotizado por la escena y mi mirada fija en Felipe advirtió a mi amante, este sacudió la mano y con ella, de un golpe, hizo volar al felino por los aires y rebotar contra la mesa de luz.
-¡Gata de mierda! Dijo resongando y con una sonrisa en el rostro.
Esas palabras me volvieron a la realidad y sentí que ese animal que ahora rengueaba era una especie de imagen reflejada en el espejo de mi propio ser, de mi vida sentimental, amorosa y sexual. Yo era un gato herido.
Eso hizo hervir mi sangre...
-¡No es una gata, es un gato y es el dueño de la casa y como tal hace lo que se le antoje!
Me levanté de la cama, busqué mi ropa desparramada por el piso y comencé a vestirme.
Mi amante no entendía que pasaba.
-¿Qué pasó?
-Haceme el favor de vestirte y andate...dije mientras buscaba a Felipe para revisarle la pata maltratada.
-Si es por la gata, no podes ponerte asi por una gata de mierda Alex...
-¡NO-ES-UNA-GATA!
-Bueno ¿Cuál es la diferencia?
-Mucha, andate.
Finalmente aquel pobre hombre se fue con la convicció de que yo era un puto traumado.
Yo me quedé con Felipe lamiéndonos las heridas de guerra.
En sintesis:
                 JAMAS TE METAS CON LA MASCOTA DE UN HOMOSEXUAL
                 Y SI, LA MAYORIA DE LOS PUTOS SOMOS TRAUMADOS.

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