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viernes, 14 de mayo de 2010

CLEPTÓMANO: LA BUFANDA, EL CD Y LOS DOS PESOS

En la busqueda del amor siempre he tratado de no delimitar mi campo de busqueda debido a la tan famosa frase "uno nunca sabe donde puede estar". Me he relacionado con distintos tipos de personas (lo han podido ver) y siempre-no es una caracteristica que proboque alegria en mi-han sido estrafalarias y, porque no, bizarras.
El caso que hoy me trae aquí es el de mi novio el cleptómano, Alexis (no voy a cambiar el nombre porque de hecho no es su nombre real, los gays suelen hacer eso).
Alexis tenía en ese momento veintiun años y una afanosa (valga la redundancia) manía por quedarse con objetos ajenos. Era músico amateur, amante sin demasiado para contar y buen orador -no porque se expresara bien sino porque lograba hacerme creer lo que decia-.
Los fines de semana eran desesperantes para mi puesto que Alexis desaparecia del la faz de la tierra y no existia  equipo gps que pudiera ubicar su domicilio, jamas respondia un mensaje, jamas respondia uno de mis trescientos llamados y lo peor de todo surjia cuando al fin retomabamos la comunicación y se reia de mis planteos (cuando le preguntaba de que se reia me decia que de nada).
Cuando nos veiamos me endulzaba los oidos y el alma hasta llevarme a la cama y despues de un orgasmo (que fuera joven no significa que fuera potente) el amor y la dulzura terminaba en algun rincón de mi propio ser y solo en mi.
Cierta vez, al verlo temblar por el cruel frio del invierno le ofrecí mi bufanda preferida, la que me habia acompañado por tantos inviernos, la que no tenia comparacion con otras bufandas y la cual me traia maravillosos recuerdos.   Jamás volví a sentir su suavidad y su calor ya que no nos volvimos a ver  y nuestra relación de amor incondicional e inquebrantable se perdió en el horizonte...Con respecto a Alexis no se que le  habia sucedido hasta que...
Este año hizo una nueva aparición, volvió a dar señales de vida, volvió a entrar en mi vida, a endulzarme, a llevarme a la cama y a quedarse con lo que no era suyo.  Esta vez se llevó un CD y dos pesos, ustedes elijan el calificativo que deseen y les parezca justo.

En definitiva, perdí mi bufanda, un cd, dos pesos y un jirón de mi desgastada inocencia.

Por eso, jamás le presten algo que aman a un homosexual que se depila demasiado las cejas y si es posible compren un gato, dicen que las ratas le temen.

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