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viernes, 26 de marzo de 2010

TODO ES LO QUE PARECE



Cierta vez, tratando de hallar al tan escurridizo Eros, y gracias a la tecnología e Internet pude conocer a uno de los personajes que surten mi vida amorosa.
Llamémoslo Darío.
A Darío lo conocí a través de una página web, ya no recuerdo cual, donde uno completa ciertos datos y publica una foto. Como siempre, primero hicimos contacto por el tan famoso msn, chat, o como guste Ud. llamarlo.
Hablamos durante un par de días, luego hicimos contacto telefónico (este último es muy importante pues con el uno termina de armar la imagen del otro-puede terminar el contacto en el peor de los casos-y el otro la de uno.).
Finalmente concretamos una cita para el día treinta y uno de diciembre del año 2008.


Antes de ir al grano me gustaría describir, lo mejor posible, el revuelo interno que se produce cuando uno hace contacto con otra persona de esta manera, digámosle, virtual.

1º Etapa: Datos personales, gustos, rol y algún chiste pedorro.
En esta etapa uno va conociendo un poco del que esta del otro lado. La charla recorre el ya cuantas veces recorrido camino de las preguntas boludas: ¿De que signos sos? ¿Qué te gusta hacer? (muchas veces la respuesta esperada no es “salir a bailar, pasear, tocar la harmónica o el triangulo” sino “soy pasivo/activo/versátil/etc.”) ¿Dónde vivís? ¿Vivís solo? (esta última es muy importante porque el puto es arrivista y donde le diste un poco de permiso se te instala en tu casa y cuando lo desterras lo mas probable es que se quede con todo aquello que acopiaste durante toda tu vida). Terminada esta charla se despiden con “un gusto haber hablado con vos, me caíste muy bien, bla, bla, bla. Ahí la maricona ya empieza a tener sentimientos.

2º Etapa: Halagos, frases gastadas, brillo en los ojos, no aguanto mas quiero conocerte
Aquí comienza la etapa más pelotudas si las hay-que por cierto jamás logro saltearla-.
Comienzan los halagos: “sos lindo” “ay no, chamuyero” “si, sos re lindo” y así hasta que en algún momento te dicen que sos la persona mas hermosa del planeta y ahí te quedas conforme y completamente enamorado de una foto que te escribe o de la voz del macho mas macho sobre la faz de la tierra en el teléfono (después la realidad se encarga de demostrarte que ese macho sostiene la taza con el dedo meñique levantado).

Listo, estamos en el horno, comenzamos a proyectar, a sentir celos-si, si, es enfermizo lo sé-extrañamos al otro, su dulzura, su ternura y la mar en coche (No, todavía no nos conocemos personalmente).


3º Etapa: primera cita, génesis o Apocalipsis (por lo general siempre es la segunda opción)
Este estadío es el mas, como decirlo, caótico. Te empiezan a atacar las dudas: ¿Y si no le gusto? ¿Y si no me gusta? ¿Y si tiene mal aliento? ¿Y si le falta algún diente? ¿Qué me pongo? ¿Casual, formal, con plumas, bombacha de gaucho y alpargatas de yute? ¡¿Qué?¡ Finalmente terminas poniéndote todo el placard encima y apestas de tanto perfume que te pusiste. En el viaje hacia el encuentro te persignas- así seas agnóstico-le pedís a la virgen, a Dios, a San Antonio y a todos los santos que estén de guardia para que la cita sea excelente y que por fin el amor toque a tu puerta (Por supuesto que si no te gusta la persona con la que te encontrás mandas a la mierda a todos los santos y te sentís como cuando compras algo que viste en la tele).

Bueno explicado el proceso de mas arriba, me dispongo a seguir con la historia que me compete (sin juegos de palabras)

Llegó el día en que Darío y yo nos conocíamos personalmente, pasé por todas la etapas hasta que el colectivo me dejó en la esquina donde habíamos quedado de vernos. Esperé unos minutos hasta que llegara mirando impacientemente hacia la esquina.
Encendí un cigarrillo y cuando levante la vista vi una silueta dar la vuelta y dirigirse hacia mí. Era Darío, le costo subir al cordón y caminaba de una manera muy extraña: era rengo, situación de la cual no estaba enterado.
Así y todo, con semejante golpe en la nuca, decidí darle una oportunidad al “amor”, después de todo Darío era un buen chico y que fuera rengo no significaba nada.
Fuimos a su casa, tomamos unos mates y luego me llevó a su habitación. 

Dentro era un colage de estilos decorativos; había bustos de algún prócer que nunca identifique, una estatua de yeso de la esfinge pintada de dorado, muebles de distintas épocas y materiales, una cortina floreada y un colchón en el piso, todo en un total y absoluto desorden. Nos sentamos en el colchón y charlamos sobre algunas cosas triviales y nos reímos un poco de algún chiste (mío obvio) hasta que en cierto momento Darío cambio la expresión alegre por un gesto serio y compungido, observé el cambio y pregunté:

-¿Te pasa algo Darío?

A lo que respondió

-Tengo que confesarte algo Ale…y su rostro se contrajo aun mas.

-¿Qué pasa? Pregunté temiendo la respuesta.

-Me pone muy mal lo que tengo que decirte porque me gustas y me gustaría tener algo serio con vos…

-¡¿Qué?! Mi corazón latía a mil y me imaginaba la peor noticia que le pueden dar a un gay que había tenido relaciones sexuales con un desconocido (Darío) y no se había cuidado.

-Emmm…Ale…Tengo…

-¡¿Qué?! ¡¿Qué Darío qué?! Ya tenía los nervios considerablemente alterados.

-Ale, tengo una discapacidad, soy rengo, tuve un accidente de chico y bueno…

-¡La puta que te re mil pareo Darío!

Los amores de mi vida siempre subestimaron mi inteligencia ¿En serio? No me digas.

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