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miércoles, 3 de febrero de 2010

Urgencias de mi otro yo

El espejo me reveló esa mañana de verano que ya muy poco quedaba de aquel niño de rostro de porcelana, una pequeña sombra se dejaba ver sobre mi labio superior formando una media luna de pelusas negras, la piel de los pómulos ya no era rosasea y las pecas inocentes se marcharon para dejar lugar a los vulgares granos; los vellos  crecian como selva virgen por doquier: axilas, piernas, brazos, abdomen, pubis...nada podia ser peor.
De a poco fui acostumbrandome a mi nuevo yo, a mi otro yo, a la tetosterona haciendo estrago en mi cuerpo hasta entonces fragil como una flor.  De a poco fui percatando que todo lo que creia como natural ya no lo era.
Mis deseos se hicieron mas urgentes por las noches, despertandome con una extraña humedad entre las piernas.
Mi curiosidad me llevaba en las horas de la siesta al fondo de mi casa donde me entregaba a algo que no sabia su nombre pero que era increíblemente placentero y de nuevo esa extraña humedad...cada vez me sumergía mas y mas en ese trance donde los olores se hacían mas fuertes y exóticos, donde mis labios murmuraban algún nombre en secreto y mis brazos acababan laxos y cargados de un amor sin dueño.
Entregado a ese placer prohibido escuche aquel sonido gutural proveniente del galpón que teníamos en el patio trasero, espantado acomodé mi ropa y sigiloso fui en busca del origen de lo oido.
Al acercarme el sonido se hacia mas nítido, así como quejoso y urgente. Era un gemido y también murmuraba como yo hacia unos pocos minutos...me acerque aun mas con el corazón galopando en mi pecho....me acerque aun mas y el umbral de la puerta me encontró.
Mis ojos tardaron unos instantes en acostumbrarse a la penumbra y descubrieron una silueta en el fondo del galpon, era mi tio ¡Gracias a Dios no era un ladrón o un animal rabioso!
Aliviado exclamé en la oscuridad ¡Tio me asuste, pense que eras un ladrón!
Aquel hombre no era mi tío en ese momento, no reconocía mi rostro ni el de nadie mas...estaba parado, con su cabeza tirada hacia atrás y su boca abierta respirando exaltado. Giró su cuerpo victima de un espasmo y dejo al descubierto su pene enorme y rojo entre sus manos y el aire se inundo del mismo olor que sentía cuando me escondía en el fondo de casa.
Mi mente no comprendía todo aquello y se enojo al descubrir que lo que tanto me gustaba y creía único y mio era común al resto de la gente.
Jamas se habló de aquel episodio, por mi parte podía quedar en el olvido...

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