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lunes, 11 de enero de 2010

S i L v A n D o D i J i S t E A d I o S

Cuatro es es el numero que inicia mi vida conciente, mi razonamiento.
Cuatro es la edad que tenía cuando comenze a perder la inocencia y hacerme carne del mundo adulto.

Me veo alli parado junto a mi madre que, como siempre, llevaba su delantal puesto y la casa olia a lavandina. Veo el sol y siento su tibio calor de otoño. A lo lejos escucho un sonido que llenaba mis ojitos de alegria: papá estaba llegando y lo hacia silvando como era su costumbre.
Recuerdo todo aquello como si estuviera parado alli en este preciso instante, recuerdo la cancion que silvaba, el olor de su colonia barata y sus manos en los bolsillos. Recuerdo su mirada indiferente haciendo caso omiso a la tempestad que sabia se aproximaba.
Mis ojos lo buscaban detrás de mi madre y veía su mirada pasearse del suelo a los ojos de la fiera frente suyo. Veía su culpa, su incapacidad de justificar sus actos y, a su vez, la indiferencia total, como si todo aquello le diera exactamente los mismo.

Papá era un bohemio con guitarra y olor a Mariposa, con pintura de labios en la camisa y cabellos mojados y con una inmensa alegría de estar vivo, con voz profunda y clara, con sueños truncos y una imposibilidad absoluta de madurar .
Muchos años espere verlo doblar la esquina con su bolso de cuero repleto de golosinas, con sus manos callosas y su corazón desbordado eternamente, su dentadura perfecta y blanca y su atado de 43/70 en el bolsillo de la camisa. Muchos años corrí con los brazos abiertos tratando de encontrar los suyos al final del camino pero luego cayeron rendidos y doloridos.
Jamas pude borrar aquella escena de mi mente,jamas recordé que se dijeron, jamas oi palabras, solo vi su mirada dura y su espalda cuando salio por la puerta,silvando, con las manos en los bolsillos y jamas volvió.
A veces, cuando la brisa es calidad y el silencio es tangible, creo escuchar el silbido que llenaba mi ojitos de alegría, creo percibir su perfume...me visita de vez en cuando y me canta una canción para que me duerma creyendo que mañana puede ser mejor y entre sueños puedo sentir su mano áspera rosar mi mejilla y secar lagrimas que hablan de su ausencia, de mi amor sin dueño y de su perpetuo adiós.


1 comentario:

  1. La ausencia de una figura paterna y la añoranza de haberla tenido más cercana creo que es muy habitual. Algunos -como el de tu historia- se van, otros, aun teniéndoles, no ejercen de padres como quisieramos. El papel del padre es complicado. Espero hacerlo mejor

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